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DIOS, SU SIERVO Y SU SEÑOR

Dio

Para que el trabajo del hombre de Dios sea provechoso, tiene que juntar su llanto en el altar por las almas con los medios de comunicación disponibles. Eso hará que su trabajo se desarrolle con más rapidez y, lo que es más importante, con calidad. Si confía apenas en su trabajo de comunicación para que su iglesia se desarrolle, su fracaso será inevitable, ya que el espíritu de comodidad se apoderará de él.
Considerando que el hombre de Dios tiene realmente su vida en el altar, o sea, cuerpo, alma y espíritu, verifiquemos sus siete mandamientos:
Primero: Tener para con el pueblo la misma consideración que tiene con Dios, pues está escrito: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan 4:20).
Segundo: Llorar en la lucha por el pueblo que Dios le ha enviado. Cada hombre de Dios representa al Señor Jesús, y cada persona que llega a la iglesia es enviada por el Espíritu Santo, con el fin de que Su siervo le muestre el camino de la salvación. Una vez salva, ella glorificará al Señor Jesús. Fue por eso que Él dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere…” (Juan 6:44).
El Señor Dios dijo: “Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros del Señor, y digan: Perdona, oh Señor, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?” (Joel 2:17).
Tercero: Jamás hacer la obra de Dios de cualquier forma. El profeta Jeremías dijo:“Maldito el que hiciere indolentemente la obra del Señor…” (Jeremías 48:10). Hacer la obra de Dios indolentemente es como enfrentar el peor enemigo con un arma cualquiera.
Cuarto: Tener hambre y sed de ganar almas. Mientras que eso no sucede, el hombre de Dios se siente como Sara, Raquel y Ana. Ellas sentían amargura en el alma, vergüenza y humillación. Esos sentimientos están siempre molestando al hombre de Dios estéril.
Por eso, él no se avergüenza de llorar delante de Dios, pidiendo almas.
Quinto: Tener alegría y gozo al ver, delante de sus ojos, a las personas naciendo de nuevo. No hay satisfacción mayor para aquel que tiene la vida en el altar que ver hoy a personas que antes pertenecían al reino de las tinieblas teniendo la plenitud del Espíritu Santo, con semblantes limpios, alegres y felices, glorificando el Nombre del Señor Jesucristo.
Sexto: No tener celos o envidia del desarrollo de su colega de ministerio. Al contrario, regocijarse con su crecimiento, y orar para que él dé aún más frutos. Como aquella mujer de la parábola de la dracma perdida, conforme enseñó el Señor: “¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido” (Lucas 15:8-9).
Séptimo: No preocuparse apenas en ganar a las personas para el Señor Jesús, sino, sobretodo, en hacerlas discípulas. Esta, por otra parte, es la característica más acentuada en el hombre de Dios consagrado. Él se preocupa en hacer discípulos más que por cualquier otra cosa, pues sabe que el desarrollo del Reino de Dios en este mundo depende de hombres que tengan el mismo carácter del Señor Jesús.
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Siervos e indignación - Bispo Romualdo

Siervos e indignación



"Así, se juntaron contra esta ciudad todos los hombres de Israel, unidos como un solo hombre." Jueces 20:11
¿Será que lo que hemos visto por ahí, no ha sido motivo para que todos nosotros siervos del Altísimo, no nos reunamos como un solo hombre?
Con certeza, si todos nosotros estuviéramos vestidos interiormente de esa indignación, los obreros serán vestidos, el pueblo será vestido, y así será vista la nación santa del Dios de Israel, pueblo de propiedad exclusiva de Dios.
Esta nación santa se distingue entre otras naciones, no porque tiene una biblia en la mano o frecuenta una iglesia, sino porque, no tolera bajo ninguna hipótesis todo lo que es malo: Miseria, traición, enfermedades, vicios, etc.
Nos regocijamos cuando somos perseguidos a causa de nuestra fe.
El Señor Jesús dice: " Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros."
Mas nosotros nos indignamos cuando una persona dice que sirve a Dios, mas vive como si sirviera al diablo. Antes cuando servía al infierno consiente o inconscientemente, comía lo que podía, no lo que quería, vestía lo que podía, no lo que quería, vivía donde podía, no donde quería.
Si hubo un cambio de Señor, tiene que haber un cambio de calidad de vida, si la vida de hoy en la iglesia es la misma de antes, o una cosa u otra. Nunca hubo un cambio de Señor, o entonces usted esta dormido. ¡Despierte si está dormido! y cambie de Señor si aún no lo hizo. Y no se olvide, "El Señor es mi Pastor y nada me faltará..."
Todo cambio comienza en la cabeza.
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EL SIERVO VENCEDOR


¿Cómo se puede medir la victoria de un siervo? Ser un siervo vencedor en el Reino de Dios significa ser un siervo perdedor en el reino del diablo. El apóstol Pablo, dijo: “…hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos”. (1 Corintios 4.11-13)
Cuando un siervo busca ventajas personales es porque está altamente comprometido con el mundo. La verdad, si sirve bien al Señor, no precisa preocuparse o ponerse ansioso por conseguir el bienestar material, pues el propio Señor le satisfará todos los deseos de su corazón.
La Iglesia de Esmirna es caracterizada en el Apocalipsis por la tribulación, por la pobreza, el sufrimiento y por las pruebas que algunos miembros pasaron al ser lanzados en la prisión durante diez días. Con excepción de la Iglesia de Filadelfia, todas las demás tenían buenas obras, perseverancia, soportando pruebas por causa del nombre del Señor Jesús; tenían amor, fe, servicios, eran ricas, en fin, aparentemente estaban bien, sin embargo, fueron censuradas y corrían riesgo de ser derrotadas y de perder la vida eterna. “Yo conozco tus obras, y tu tribulación y tu pobreza (pero tú eres rico)”. (Apocalipsis 2.9)
Ahora, ¿qué es lo más importante para el siervo? ¿ Su posición de liderazgo, su mejor condición de vida, la autoridad concedida por el Señor o su condición económica? Lo más importante para el siervo no es nada de eso, sino mantener la comunión íntima con el Señor, pues en Él está su corazón, pues en Él está su riqueza y gloria y, sobre todo, su victoria. El siervo que está distante del Señor no puede conocer su voluntad. Esmirna era pobre y atribulada, pero por cuanto era rica de la presencia de Dios y mantenía vivo su primer amor, exactamente por eso, pasaba por tanto sufrimiento.
Cuando estamos próximos a la cruz, somos afligidos, y cuanto más cerca de ella, más persecuciones, injusticias y pruebas. Ése era el secreto de Esmirna, y su corazón estaba continuamente humillado a los pies del Señor a causa de las tribulaciones. “Sé fiel hasta la muerte, y Yo te daré la corona de la vida”. (Apocalipsis 2.10)
Esmirna es como María, que eligió la buena parte. El siervo vencedor es aquél que soporta todo y guarda su fe viva hasta el encuentro final con el Señor Jesucristo, cuando correrá para el abrazo eterno en el encuentro con el Novio, en la Gran Fiesta, en las Bodas del Cordero de Dios. ¡Amén y Aleluya!

La valentía de ser cristiano!

La valentía de ser cristiano!

Los siervos del alto dignatario de la sinagoga fueron hasta Jairo a decirle: “¿Para qué molestas más al Maestro? Tu hija ha muerto”. Jairo miró hacia Jesús afligido y el Señor le dijo: “No temas, cree solamente”. Esta es la palabra que tenemos que guardar siempre en nuestro corazón: “Cree solamente”.

La Palabra de Dios dice: “Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá”. (San Marcos 5:21-23).


Querido lector observe que este hombre llamado Jairo, era uno de los principales de la sinagoga. Un hombre muy importante, un dignatario, religioso, que cuidada de la organización de los trabajos de la sinagoga. Jairo tenía a su hija muy enferma, la muchacha se estaba muriendo. No había nada que la pudiera salvar, ni siquiera los médicos. Seguramente ya habían intentado de todo para poder salvar a la muchacha, pero sin obtener ningún resultado.

Podemos imaginar, delante de las circunstancias, ¿cuál fue la reacción de Jairo al oír hablar que Jesús realizaba milagros? Con certeza aquel hombre se quedó muy confundido, y tal vez pensó: “¿Será que Jesús realmente sana? ¿Será que en verdad Él puede resolver mi problema? ¿Será que es verdad todo lo que la gente dice de Él? Pues, eso es todo lo contrario de lo que yo he aprendido en mi religión, y he practicado durante toda mi vida, Dios mío, ¿qué será lo que las personas pensarán de mí si Lo busco? Y mis amigos, ¿qué dirán de mí?”

Tantas personas nos critican, nos juzgan, nos atacan, nos arrojan piedras, y el diablo usa justamente estas tácticas de críticas con el objetivo de impedir que las personas se acerquen al Señor Jesús, y así, imposibilitar que encuentren el camino de la salvación. Hay muchas personas que escuchan las programaciones de radio de la Iglesia Universal del Reino de Dios, pero lo hacen dentro de su automóvil, en el baño, encerradas en su alcoba, escondidas en un rincón de la casa, atemorizadas por el ‘qué dirán’ con temor a ser rechazadas por la familia. Son personas desesperadas, que no encuentran respuestas a sus preguntas, que sienten un gran vacío dentro de sí, sumamente sufridas. Sin embargo existe un obstáculo que les impide conocer al Señor Jesús, tal impedimento es su propio concepto religioso.


La entrega total
El cristiano siempre sufrirá persecuciones, ofensas e injurias. Sería muy fácil ser cristiano y no ser perseguido. Sin embargo aquellos que son de Dios no deben inquietarse con las opiniones de terceras personas, sino solamente con lo que Dios piensa de ellos. Lo importante es estar en paz, en armonía con Dios. Si las demás personas están en desacuerdo es dilema de ellas. La salvación es algo sumamente personal y su vida espiritual es particularmente suya. Nada, ni nadie puede interponerse en su relación con Dios.

Puedo imaginar cuantas personas se encuentran sufriendo en este momento y no encuentran una salida para sus problemas. Tales personas solo tienen dos alternativas: Continuar padeciendo, o buscar la salida, la salvación en Jesús. Al optar por la segunda opción, es necesario que el individuo se desprenda de sus tradiciones religiosas, de sus doctrinas que de un modo general las iglesias imponen. Ya en las enseñanzas del Señor Jesús es necesario vivir por la fe.

También es imprescindible aceptar las instrucción de las cosas de Dios de igual forma que lo haría un niño. Jesús nos enseña que, aquel que no acepta el reino de Dios como un niño, no podrá entrar en él, la pregunta es: ¿Los niños tiene maldad en su corazón? Cuando imaginamos a un niño, ¿Qué es, lo que nos viene a la mente? A caso no es: pureza, incorrupción, integridad y ningún tipo de malicia.

Es necesario que usted medite en su vida, pues mucha gente aún está indecisa. Hay quienes hasta frecuentan una iglesia, pero aún no tomaron la decisión de seguir al Señor Jesús. Son personas que todavía no saben lo que quieren. Y mientras no haya una actitud de fe, Dios no podrá actuar en sus vidas. Es por esa razón que muchas personas acuden a la iglesia pero no son bendecidas. Y hay quienes hasta culpan a la iglesia o a los pastores. Pero, tales sujetos se olvidan que su corazón aún está lleno de dudas, lo cual les impedirá rotundamente de alcanzar las bendiciones de Dios en sus vidas.

Usted necesita tomar una decisión, asumir definitivamente su fe en el Señor Jesús para que entonces, Dios pueda actuar. Dios espera que nosotros le abramos la puerta de nuestros corazones, Él no va a entrar en nuestra vida sin ser invitado, Él espera por esta invitación. Él aguarda el momento en que le entreguemos nuestra vida. Y cuando lo hacemos, entonces Él con absoluta libertad encuentra espacio y nos bendice.

Jairo tomó la decisión de acercarse a Jesús, y la Biblia dice que al ver a Jesús, Jairo se postró ante Él. En realidad Jairo entregó su corazón, toda su vida a Jesús, en aquel momento, se liberó de sus preceptos, de sus doctrinas religiosas, y se lanzo de cuerpo alma y espíritu al Señor Jesús.

Es eso lo que usted debe hacer, rasgar su corazón delante de la presencia de Dios, y entregarse totalmente a Él. A partir de entonces, tengo la certeza de que su vida cambiará.


Las dos voces
Vea como son las cosas: Mientras Jairo hablaba con el Señor Jesús, vinieron algunas personas a decirle que su hija ya había muerto. Observen con atención: Muchas de las veces a las personas les cuesta mucho tomar una decisión correcta, y cuando lo hacen, cuando ellas se entregan a Jesús, el diablo, quien ya no lo puede impedir, enseguida busca otra táctica. Por ejemplo, sopla en su mente, lanza pensamientos como: “No sirve de nada, no hay más solución para su problema”.

El diablo usa personas de su propia casa, personas de su familia para desviarle de Dios. E incluso las personas que amamos son usadas por el mal para impulsar ideas equivocadas, para desanimarnos y desviarnos de la fe en Dios. Es necesario estar muy atento para no caer en esas trampas.

Muchas personas son usadas por el diablo por medio de las palabras de desanimo con la finalidad de colocar dudas en su corazón. Para estos instrumentos del mal todo está equivocado, todo es negativo, nada está bien. El diablo envía personas usadas por él a filtrarse en medio de la iglesia del Señor Jesús para intentar desviar a los cristianos del Señor Jesús. Por eso, cuando usted necesite de una orientación, acérquese al Pastor y busque un consejo. No reciba orientaciones de personas que están sentadas al lado suyo, pues, si tales personas tuviesen condiciones de ayudarle con consejos no estarían sentadas ahí al lado suyo, estarían en el altar, también hablando del Señor Jesús para los demás. Usted no tiene que dar oído a nada ni a nadie, y solamente escuchar la voz de Dios, la voz del Espíritu Santo.

Es muy fácil discernir cuál es la voz de Dios, y cuál es la voz del diablo. La voz del diablo es la palabra de duda, de derrota, aquella que le oprime y que le trae angustia. La voz de Dios es la palabra de certeza, de fe, de ánimo, de vida, la palabra de Dios sirve para consolar, para liberar y edificar su vida, tenga cuidado para que usted no sea sorprendido. Es necesario estar atento. ¿Cuál voz usted va a escuchar? En nuestra vida siempre estaremos propensos a escuchar dos voces. Cuando alguien toma la decisión de aceptar al Señor Jesús, el diablo ya no puede tocar en tal persona, pero él irá a trabajar con la palabra, intentando sembrar dudas en su corazón.

Los empleados de la sinagoga, fueron hasta donde estaba Jairo para decirle: ¿Por qué molestas al Maestro? ¡Tu hija ya murió! El miro para Jesús afligido y el Señor le dijo: “No temas cree solamente”. Esta es la palabra que tenemos que guardar en nuestro corazón por siempre: cree solamente. Por mayores que sean las dificultades, las tribulaciones y los problemas, usted tiene que mantener su fe firme. Principalmente en los momentos de tribulación. Es fácil creer en los momentos de felicidad, de alegría, de paz, cuando todo está bien. Difícil es creer cuando las situaciones son adversas. En esos momentos Dios está listo para ayudarnos, pero para eso es necesario creer y nunca dar oídos a la voz de la duda. La verdad es que Jesús estaba hablando con Jairo diciéndole: “Calma Jairo, no tengas miedo, cree solamente, no te desanimes ni pierdas la fe, ¡cree! Continúa firme hombre… ¡continúa firme en tu fe!”

Puede acontecer cualquier cosa, no podemos desanimarnos, no perdamos nuestra fe, nuestra confianza de que Él ira a actuar. Él nunca nos va a desamparar. Él siempre estará listo para proceder. Gracias a Dios muchas personas han oído la voz de Jesús y han vencido. Pero también muchas están escuchando la voz de este mundo, la voz de la duda, la voz del diablo. Muchas personas buenas, caritativas, mucha gente religiosa, personas que hasta creen en Dios, pero están siendo destruidas por el mal.

Vamos a escuchar la voz de Jesús, la Palabra de Él solamente. Si Jairo hubiese dejado de creer en la Palabra de Jesús, él hubiera perdido a su hija. Pero él confío. Jesús fue hasta su casa, tomó a la niña de las manos y le dijo: “Talita cumi”. Eso significa: “Niña levántate”. A partir de ahí el Espíritu de Dios penetró en aquel cuerpo sin vida. Ella estaba muerta, pero cuando el Espíritu Santo actuó ella volvió a vivir.

La muchacha fue salva porque su padre confió. Hubo un espíritu de lucha y perseverancia. Y es eso lo que da la victoria. No temas, ¡cree solamente!

Obispo Paulo Roberto

Siervo y socio

Siervo y socio

El primer trabajo conjunto entre Dios y el ser humano sucedió luego del inicio de la Creación: “El Señor Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre” (Génesis 2:19). A partir de ahí, nunca más el Señor realizó alguna cosa en la tierra sin la participación de Su criatura.
Se puede notar en todos los milagros bíblicos la participación conjunta de Dios con el ser humano. Veamos: Noé construyó el arca, Dios envió el diluvio; Abraham obedeció Su Palabra y Él lo bendijo todos los días de su vida; Jacob trabajó duro y el Señor lo prosperó y lo hizo más rico que su patrón.
José no negó su fe ni su fidelidad a Dios, y el Señor lo elevó de esclavo a gobernador; Moisés extendió su cayado y Dios abrió el Mar Rojo; Josué rodeó las murallas de Jericó 13 veces y el Señor las derribó y, cuando ordenó que el Sol y la Luna se detuvieran, el Señor honró su fe. David enfrentó a Goliat y el Señor le dio la victoria; Daniel mantuvo su fidelidad a Dios y el Señor lo libró de los leones. El ciego clamó y el Señor Jesús lo oyó; Pedro usó el nombre de Jesús y el cojo quedó curado...
Es muy importante para el cristiano tener conciencia de que es un socio de Dios aquí en la tierra. El apóstol Pablo, por el Espíritu Santo, afirma: “Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios” (1 Corintios 3:9).
No se trata de ser apenas un siervo, sino un siervo-socio. En términos prácticos, eso significa que cualquier acción de Dios en la tierra tiene que tener la cooperación humana.
La falta de ese discernimiento, por parte de la mayoría cristiana, lo ha hecho miserable en este mundo, aún creyendo en el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, pues el cristiano ha esperado que Dios cambie su vida “con un pase mágico”, y eso jamás va a suceder. Él nos da condiciones de hacer nuestra parte y espera que nosotros la realicemos; sin embargo, ¡jamás Dios hará nuestra parte!
El cristiano tiene que saber vivir por la fe y actuar con la certeza de Dios en el corazón. Dios capacitó a Josué para entrar en la Tierra Prometida, desalojar a los moradores intrusos y habitar en ella.
¡No fue Dios quien venció a los cananeos, sino Josué! Quiere decir que la sociedad entre Dios y Josué hizo que los hijos de Israel tomaran posesión de aquella tierra. La mayoría de los cristianos se equivoca en relación a los milagros divinos; por eso tiene una vida amarrada, esperando la “magia divina”.
El hecho de ser fiel a la iglesia y mantener una vida de acuerdo a la fe cristiana no es suficiente para que se tome posesión de los beneficios de la fe. Es preciso tomar actitudes, actuar la fe, practicar la certeza que se tiene en el corazón, de lo contrario, nada sucederá.
El Señor Jesús es el Autor y Consumador de la fe; es Él, a través de Su Espíritu, quien nos da la fe; pero la acción y la actitud tiene que partir de nosotros. Básicamente, esa es la sociedad entre el Señor y el siervo. Dios nos da la certeza y espera que la usemos; en caso contrario, Él no podrá hacer nada. Por ejemplo: Dios nos da la certeza de Su perdón si confesamos nuestros pecados. Todo lo que tenemos que hacer es confesarlos.
Pero si continuamos esperando Su perdón sin nuestra confesión, no alcanzaremos el perdón. De la misma forma sucede con la cura divina: Él nos da la certeza de tenerla providenciado en la cruz del Calvario; pero si no la asumimos con actitudes, o sea, actuando como si aquella enfermedad no existiese más, nada se logrará.
La persona recibe la fe de Dios, pero tiene que colocarla en acción; de lo contrario, nada sucederá. Cuando el Espíritu afirma que somos colaboradores de Dios quiere decir que somos sus socios, tanto en las conquistas personales como en la administración de este mundo. Para eso, Él nos dio el dominio sobre toda la tierra (Génesis 1:26). Este es un hecho irrefutable. Pero, si no usamos la autoridad conferida por Él, ése es otro problema.
No vale de nada quedarse esperando que Dios haga lo que nosotros tenemos la obligación de hacer. En toda la Biblia vemos la necesidad de la sociedad del hombre en la realización de Sus milagros. Se trata de una condición determinada por el Señor desde la Creación. El pueblo de Dios tiene que tomar conciencia de eso, a fin de no quedar afuera, esperando que las promesas divinas caigan del cielo.
Obispo Edir Macedo

Las Tribulaciones del Siervo

Las Tribulaciones del Siervo

Cuando el Señor Jesús estaba por concretar su más importante misión, esto es, ser separado del Padre, para asumir la culpa de los pecados de toda la humanidad, Él dijo para los que fueron a prenderlo: “…pero esta es vuestra hora y la potestad de las tinieblas”. (Lucas 22.53)

Y de allí, Él extendió sus manos y se dejó prender. Vemos en este pasaje dos hechos extremadamente importantes para los siervos buenos y fieles:

  1. La iniciativa del diablo. Si el diablo no hubiese usado a sus hijos para prender y crucificar a Jesús, entonces la humanidad no podría ser salva. Imagine por ejemplo, que el diablo no tacase nunca al Señor Jesús. El Señor hubiera muerto de vejez o cosa parecida, y quedaríamos sin salvación. Pero el diablo terminó por colaborar con el plan de Dios haciendo su parte y, sin querer, ayudándolo. Y ése es el punto central de la tribulación de Cristo. “Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. (Romanos 8.28)

El diablo impuso al Señor Jesús un sufrimiento limitado, o sea, apenas por algunas horas. Pero en compensación, aquellas horas de tribulación produjeron un resultado maravilloso para toda la eternidad y es lo mismo que debe suceder con los siervos buenos y fieles.

  1. La concreción de la voluntad de Dios. Mediante la acción del diablo, vino la reacción de parte de Dios. El Señor Jesús, como siervo, no reaccionó ante la injusticia, por el contrario, se dejó prender y crucificar, porque Él estaba convencido de que estaba actuando de acuerdo con la voluntad de su Padre.

Él esperaba aquel momento y pro eso dijo que no lo habían prendido antes porque no tenían la autorización del Padre, afirmando que aquella era la hora en que, finalmente, tenían permiso para concluir con sus planes.

A partir de allí es que los siervos de Dios deben entender las razones de las tribulaciones. Toda tribulación que los siervos pasen y deban pasar es para su propio beneficio. La acción de la tribulación de los siervos de Dios viene de parte del diablo, pero los beneficios que produce son de la parte del Señor. (1 Pedro 1.6-9)

Por breve tiempo nos entristecerá pasar por tormentos, pero nuestra fe, una vez aprobada nos hará conquistar la salvación, y finalmente, el Señor Jesús será exaltado en nosotros. A través de Pablo, el Espíritu Santo enseña: “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza…” (Romanos 5.3,4)

A ningún siervo le gusta pasar por tribulaciones, por mayor beneficio que ésta traiga. Mientras tanto, como ya vimos, el siervo fiel no tiene razones ni derechos de gustarle o no, pues la única preocupación que debe tener es agradar a su Señor, y si para eso tiene que pasar por las tribulaciones, ¡entonces que vengan!

“ES MUY IMPORTANTE QUE EL SIERVO TENGA CONCIENCIA DE QUE NO TIENE NADA Y QUE TODO LE FUE PRESTADO POR DIOS POR ALGÚN TIEMPO”.


O caráter de um servo

O caráter de um servo

Como podemos definir o caráter de um servo útil, bom e fiel? Em certa ocasião o Senhor Jesus ensinou assim:

“Assim também vós, depois de haverdes feito quanto vos foi ordenado, dizei: Somos servos inúteis, porque fizemos apenas o que devíamos fazer.” (Lucas 7.10).

O servo é considerado inútil mesmo que faça aquilo que lhe é ordenado; já o servo útil é aquele que, além de fazer o que lhe foi confiado, aplica-se com amor e dedicação, de sorte que coloca toda a sua força e a sua vida ao serviço do Senhor.

Na parábola dos talentos (Mateus 25.14-30), o Senhor Jesus considerou bons e úteis os dois primeiro sevos, que saíram imediatamente a negociar o que lhes havia sido confiado e, algum tempo depois, prestaram contas, dizendo:

“ Eis aqui outros cinco talentos que ganhei”. (Mateus 25.20).

Ora, devido a esse comportamento, foram elogiados pelo Senhor e considerados servos bons e fiéis.

Devemos entender que o servo bom é aquele que manifesta um caráter idêntico ao do Senhor. Muitas vezes, o servo demonstra fidelidade na sua vida e pensa que isso já é o bastante. Alguns apresentam uma fidelidade na sua vida e pensa que isso já é o bastante.

Alguns apresentam uma fidelidade tão marcante e tão forte que chegam a pensar que seus deslizes de conduta são justificados. Muitos até têm usado erroneamente a interpretação da palavra de Tiago quando disse:

“Meus irmãos, se algum entre vós se desviar da verdade, e alguém o converter, sabei que aquele que converte o pecador do seu caminho errado salvará da morte a alma dele e cobrirá multidão de pecados.” Tiago 5.19,20).

Essa multidão de pecados que serão cobertos é do pecador que se converte, e não daquele que o converteu! Se fosse o contrário, não haveria justificação pela fé e sim pela obra, a de salvar os outros.
Veja o que o Senhor ensina:

“Nem todo o que me diz: Senhor, Senhor! Entrará no reino dos céus, mas aquele que faz a vontade de meu Pai, que está nos céus. Muitos, naquele dia, hão de dizer-me: Senhor, Senhor! Porventura não temos nós profetizado em teu nome, e em teu nome não expelimos demônios, e em teu nome não fizemos muitos milagres? Então, lhes direi explicitamente: nunca vos conheci. Apartai-vos de mim, os que praticais a iniquidade.” (Mateus 7.21-23).

Esse era, aparentemente, um servo fiel, pois havia profetizado, expelido demônios e feito milagres, mas o Senhor lhe diz: “Apartai-vos de mim, porque nunca vos conheci!”

Resumindo, não basta ser fiel, pois é preciso também ter o caráter de Cristo.

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